EVOLUCIONARIOS.

UNA CARTA A LA INERCIA

Un acto epistolar sobre la evolución escrito en un taxi.

Adolfo Zableh Durán

La inercia es una fuerza física, un movimiento universal fuera de nuestro control, es ella la responsable de que cuando un carro frena, la cabeza tenga un delay en la reacción y siga su estela de movimiento, pero es ella también la responsable de que no salgamos de esa relación sentimental complicada, de que demos las cosas por sentadas y creamos que son así y es este el curso que deberían seguir sin complejizarlas, sin ponerlas en tensión. Movimiento o reposo, la vida y la física se juegan en estos dos universos, pero qué tanto nos damos cuenta que estamos en alguno de los dos. Cuál es el grado de naturalización o de obviedad al que hemos llegado que dimos por sentado todo.

Respirar, caminar, movernos, crecer, querer, detestar, que nos importe un bledo. Todo pasa y qué tanto nos damos cuenta de aquello que nos pasa cuando nos pasa.

Pura inercia. La cosa es… sucede. ¿Por qué? ¿Para qué?

Sin embargo, quizás uno de los pocos rasgos que nos separa de nuestros primos chimpancés o del perro criollo de la esquina es que quizás, solo quizás podemos ser conscientes de esa inercia. No podemos evitarla, porque es una fuerza que nos desborda y nos sobrepasa, pero sí podemos ser o al menos reconocer que algo hace sobre nosotros.

A pesar de que nuestra composición genética sea única y no se parezca a la de ningún otro ser vivo, no somos especiales por el simple hecho de existir, sino por lo que vamos consiguiendo.

Siguiendo esa idea hay un grupo de gente, una raza extraña, como una suerte de pigmeo mitológico, que ha sido capaz de entender la inercia, asumirla, reconocerla y no dejar que su determinismo los rija. Personas con un gear distinto que asumieron un papel: el de ser evolucionarios.

Personas, todas hijas de este momento, no de una generación y sus clichés, sino de un instante coyuntural, honesto, a veces bastante oscuro, pero al fin y al cabo un momento diverso, uno con ganas de cambio y transformación. Y es que quizás todo va peor que antes, pero al menos hay personas como estos susodichos evolucionarios que están empeñados en romper la inercia y hacernos despertar con caricias o bofetadas de nuestro letargo. Y es que puede que en esta época no tengamos mucho, o que lo tengamos todo, pero al final de cuentas quizás lo único que vale la pena es que tengamos quizás un poco más de conciencia.

Hacerle gambetas a la inercia ese es el motto de un evolucionario, gente que con ciertas condiciones dadas o viviendo en la inopia, igual decidió ver la letra menuda del contrato y ver qué podía mejorar.

Luchar contra la desigualdad, cuidar el planeta, volver a lo básico, reducir el consumo, dedicarse a la cultura, a la filantropía, a la innovación; las posibilidades son infinitas. Los tiempos donde solo se nacía, se crecía, se vivía, se reproducía y se moría en inercia ya no existen más, o ya no existen más al menos para un grupo de gente que ha decidido evolucionar, entrar en conciencias diversas y transformar aquello que lo circunda.

Esta una carta para la inercia, para entenderla, abrazarla y también para mandarla a la mierda. Una carta para hacernos conscientes de ella y para celebrar a todos aquellos que desde la cultura, el género, la música, el rasquimball, la ciencia, la tecnología o la vida diaria, simplemente la han contenido como un acto evolutivo.

Una carta que termina con unas pregunta para usted. ¿A usted también se la va la cabeza para delante cuando un taxi frena en un trancón? ¿De qué tipo de inercia se quisiera desprender usted en su vida? ¿Ya evolucionó? ¿Desde dónde lo hizo: la cultura, el género, su actitud política, su conciencia social?


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