EVOLUCIONARIOS.

Comunicación Mutante

Gracias a esta generación es que existe una evolución real de las redes, su interfaz, utilidades, capacidades y alcance. Mutantes digitales, evolucionarios que, sin quererlo, acabaron por moldear el mundo y sus conversaciones.

Por Santiago Rivas.

Asistimos a un nuevo momento, uno de transformaciones y evoluciones potentes, un escenario en el que un nuevo estado mental y disposición vital marcan el tempo. Un territorio de vida en el que una nueva generación quiere estar a cargo. Desde la publicidad los han denominado evolucionarios.

Gente que simplemente encarna una manera de pensar distinta, y sin encajar en categorizaciones específicas de edad, se ha dado a la labor de transformar sus entornos utilizando la comunicación y sus herramienta como su caballito de batallas para conseguirlo, para convocarnos, para hacernos parte de una más de las narrativas que han creado para hacerle frente a la realidad.

Comencemos diciendo que estos evolucionarios en principio son gente resiliente y obsesionada con la no violencia, que para ellos es el fracaso máximo, la derrota máxima. Puede que a veces teman de más, pero de no ser por esa visión, no habría sido posible construir un mundo con tantas posibilidades de debate y de lucha, como existen ahora. Esa no violencia es la raíz de muchas peleas dadas con justicia, en los términos precisos y por muchas plataformas al tiempo. La presión social constante y la obsesión con el debate por encima de la confrontación poco a poco van rindiendo frutos.

Nadie como estos evolucionarios ha comprendido mejor para qué sirven los espacios de simulacro, y gracias a eso existen las redes sociales, tal como ahora las conocemos. Son ellos quien han permitido la evolución real de las redes, su interfaz, utilidades, capacidades y alcance y como mutantes digitales, han moldeado el mundo y sus conversaciones. No hay discursos inocentes y eso lo saben muy bien los evolucionarios, pero la clave está en la confianza en la comunicación, la fe en el poder del diálogo y la unión, con la que han convertido esos espacios, aparentemente destinados simplemente a encontrarnos con nuestros amigos del colegio y parientes más lejanos, en lugares de transformación que han conseguido cambios reales en nuestra forma de pensar (muchas no han logrado su objetivo final y siguen en curso, pero todos tenemos que aprender que hay procesos largos). Si no es claro, piensen en campañas hashtags como #occupywallstreet, #metoo, #timesup, #marchforourlives, #blacklivesmatters #bringbackourgirls, #jesuicharlie, #locriollonospertenece, #Niunamenos, #abortolegalya #ChaoLeyTIC #niunamenos #abortolegalya y un sinnúmero más de iniciativas que nos conectan, sin importar las distancias y esto, es un cambio positivo en sí mismo.

Los evolucionarios son también grandes hedonistas. La búsqueda de la comodidad y el placer en lo que se hace no es un pecado, y gracias a esa búsqueda se terminaron de concebir dos conceptos fundamentales de nuestros días: el teletrabajo como fuente de bienestar e impulsor de la creatividad, pero, sobre todo, el on demand, que implica un cambio en los tiempos y espacios en los que consumimos contenidos y también en el valor e implicaciones de este consumo. La era de las grandes series nace, gracias a que la generación que domina los hábitos de consumo es exigente con lo que ve. Las plataformas son un reflejo de quienes las utilizan. Y una vez más ni el discurso ni la conversación suscitada alrededor de la narración o la serie son inocentes, son espejos que a todos nos han devuelto imágenes sobre las cuales resonamos. Por fin, tenemos claro que la realidad está compuesta de historias.

Son los evolucionarios gente interesada en las grandes historias y excelentes series, pero también afiliadas a las microhistorias, lo cual privilegió la creatividad por encima de la gestión. Uno no se da cuenta, pero el hecho de que ahora existan youtubers, que pueden monetizar simplemente haciendo lo suyo, es el resultado de constantes pruebas y errores por cuenta de una gente para la que siempre ha sido más importante hacer cosas que venderlas. Uno puede no entender a los youtubers como fenómeno, o incluso como individuos, pero es innegable que nadie antes había entendido el valor de lo individual, de las historias propias, y esa ampliación en el espectro de cosas que podemos contar, es también una evolución.

Y claro, son/somos la gente de los smart phones: como somos los mutantes digitales, somos los que diseñamos, en calidad de usuarios y de programadores, el sistema por el que se rige el mundo actual de las telecomunicaciones.

Ha sido esta fuerza evolucionaria la que ha hecho viable una economía basada en servicios enteramente enfocados en lo digital. Son ellos quienes reivindicaron el juego, que permitió experimentar en lo digital a partir de dinámicas novedosas, menos prácticas en apariencia, pero a final de cuentas muy funcionales, como el microgasto a través de la tarjeta de crédito o los sistemas de “gamification”, en los que se gana puntos por colaborar con las comunidades que existen al otro lado de nuestras pantallas. Pura economía colaborativa y de las experiencias.

Y si vamos a hablar sobre la evolución de las conversaciones hay que nombrar los memes, tal como los conocemos, que nacieron gracias a la versatilidad, velocidad, astucia, inteligencia emocional y agudo sentido de la ironía de esta gente que les dio vida como herramienta. Claro, el concepto de “meme” es más viejo, pero de no ser por la intuición de los evolucionarios, su gusto por la conversación y por la idea de que todo es un remix y por lo tanto un diálogo; de no ser por la ociosa mente evolucionaria, capaz de reírse de sí misma, o de nuestras cabezas llenas de referencias de cultura pop, no estaríamos, como ahora lo hacemos, compartiendo impresiones sencillas, piezas que resumen ideas muy complejas y que tal vez no resuelvan discusiones ni debates de altura, pero sirven para comprender el mundo en su complejidad, para reírse un rato de él, porque quizás también eso es algo que validan estos evolucionarios, la risa y el chiste como una herramienta más, dentro de las muchas que se nos ha dado para tratar de mejorar todo cuanto nos rodea.


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